Para no pensar en hombres, me pongo a estudiar. Para no estudiar, me pongo a ordenar. Para no ordenar, me pongo a comer. Para no comer, me pongo a escuchar música.
Termino el fin de semana sin garchar, sin saber nada para el final del miércoles, con el cuarto hecho un desastre, con dolor de estómago por comer porquerías, pero, eso sí, cantando toda la tarde, eh. Qué productividad.
¡QUIERO VACACIONES!
¡QUIERO VACACIONES!
