lunes, 30 de noviembre de 2009

Desde que aprendí a escribir dejé de llorar

No puedo evitar ser como soy. Impulsiva. Inconciente. No, no puedo. Hago las cosas, no las pienso. Después, las pienso de más. No me sirve de nada. Me angustio, pero no lloro. No sé decir que no cuando siento que sí. No sé cuál es el camino menos equivocado. No sé vivir sin miedo. Tengo miedo de seguir y miedo de parar. Toda mi vida es un vaivén de contradicciones, lo que quiero, lo que debo. Y mientras tanto me quedo sola en este camino gastado de tanto buscar compañía.
Mejor pienso en otra cosa, siempre en otra cosa.

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